Consejos para 5 problemas que causa la cuarentena

Consejos para 5 problemas que causa la cuarentena

Las cosas han cambiado, y muy rápido. Apenas nos estamos dando cuenta: nuestra realidad es muy diferente a la de hace solo un par de meses, y no sabemos cuánto puede llegar a durar esta pandemia que está afectando nuestro modo de vivir.

El COVID-19 nos ha empujado a resguardarnos en nuestras casas, a aislarnos para cuidarnos y para cuidar a los otros. Ante la falta de vacuna e inmunidad colectiva, la cuarentena ha sido la mejor opción para prevenir la circulación del virus.

Sin embargo, desde ya, esta medida nos trae aparejadas muchas dificultades con las que todavía estamos intentando lidiar.

Este artículo se propone como una manera de identificar y contrarrestar los problemas que nuestra salud podría tener frente a esta situación.

Ansiedad, preocupación y miedo

Nuestro humor va cambiando día a día en esta nueva normalidad de aislamiento social.

Hay días en los que nos sentimos más a gusto, cómodos, agradecidos de la tranquilidad que tenemos y del tiempo del que disponemos para hacer cosas que habíamos postergado.

Sin embargo, son muchos los días, también, en los que las cosas no van tan bien. Son días atípicos, y es normal que nuestro humor sufra idas y venidas.

La preocupación por nuestra salud, las dificultades económicas, la imposibilidad de ver a nuestros seres queridos, la incertidumbre sobre el futuro… son todos más que buenos motivos para sentirnos angustiados.

Es normal que esto suceda.

Para intentar de reducir los efectos que estas circunstancias pueden provocar en nuestra salud, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) recomienda:

 

  • Evitar la sobreinformación: el flujo constante de noticias negativas nos puede llevar a sentir ansiedad o angustia. Limitar las informaciones a una o dos actualizaciones al día, y de fuentes confiables.
  • Tratar de mantener nuestras rutinas personales diarias o crear otras nuevas que nos gusten y nos mantengan activos y positivos.
  • Seguir conectados con nuestros seres queridos tanto como sea posible. Las videollamadas pueden hacernos sentir más cerca de ellos en estos momentos.
  • En los períodos de estrés, prestar atención a nuestras propias necesidades y sentimientos. Darnos tiempo para escucharnos.
  • Hacer ejercicio regularmente, mantener nuestras rutinas habituales de sueño y consumir alimentos saludables.

La necesidad de fortalecer nuestro sistema inmune

Sin tratamientos ni vacuna, la única defensa que tiene nuestro cuerpo ante el coronavirus es el sistema inmunológico

De como él responda a la infección dependerán en gran medida los resultados: puede ser que apenas tengamos síntomas leves como fiebre, cansancio y dolor de garganta, así como podemos vernos afectados por neumonía o problemas respiratorios agudos.

Por esto es de vital importancia prestar atención a nuestro sistema inmunológico, principalmente teniendo en cuenta la cercanía del invierno y las bajas temperaturas, contexto en el que nuestras defensas se ven disminuidas.

Una alimentación saludable y un sueño reparador, así como el evitar situaciones de estrés, el alcohol en exceso y el tabaco, son sugerencias en las que podemos trabajar para fortalecer nuestros sistema inmune.

La Sociedad Internacional de Inmunonutrición (ISIN, por sus siglas en inglés) ha indicado que “la nutrición antioxidante tiene un papel beneficioso para conseguir que nuestro sistema inmune funcione de forma adecuada”.

El consejo general es comer una dieta rica, equilibrada y coloreada con especial énfasis en frutas y verduras, con el fin de aumentar la ingesta de antioxidantes y los nutrientes asociados, y así aumentar nuestras defensas”, recomiendan.

En cuanto a los mayores de edad, la recomendación es “incrementar la ingesta de ciertos micronutrientes a través de suplementos, en particular, zinc (30 mg – 220 mg/día), vitamina E (134 mg – 800 mg/día), vitamina C (200 mg – 2 g/día) y especialmente, para aquellos que presentan bajos los niveles de vitamina D, se recomienda una ingesta de 10 μg – 100 μg/día”.

“Estos micronutrientes son capaces de mejorar la inmunidad específica, precisamente la encargada de generar más anticuerpos”, concluye la ISIN. 

Candiatex Plus aporta selenio y cobre, dos minerales esenciales para fortalecer el sistema inmunológico. Consulte a su médico y/o farmacéutico para más información.

La carencia de vitamina D

No tenemos exposición al sol: esta es una de las principales preocupaciones del momento. La cuarentena implica que apenas podamos salir para hacer las compras y poco más, por lo que estamos encerrados todo el día.

La luz del sol es la fuente más importante de vitamina D que nuestro cuerpo recibe. Es necesario, entonces, que nuestro cuerpo pueda complementar esa carencia que está teniendo.

La deficiencia de vitamina D puede conducir a una pérdida de densidad ósea, lo que a su vez puede llevar a sufrir osteoporosis y fracturas. Entre sus síntomas están los dolores en los huesos y la debilidad muscular.

¿Cómo obtener vitamina D mientras estoy encerrado?

La primera alternativa con la que contamos es la alimentación: pescados grasos como el salmón, el atún y la caballa son las mejores fuentes de esta vitamina. Por su parte, el hígado vacuno, el queso y la yema de huevo contienen cantidades menores. 

La segunda opción es la suplementación. Por ejemplo, IO Tabor D aporta la cantidad de vitamina D que nuestro cuerpo necesita a diario.

Los suplementos naturales pueden ser de ayuda si usted pertenece a alguno de los grupos de personas que son más proclives a no obtener suficiente vitamina D, como los adultos mayores, las personas con piel oscura, los celíacos y las personas con obesidad. Consulte a su médico y/o farmacéutico.

El sedentarismo

Si la falta de actividad física era ya una preocupación mundial en expansión cuando aún podíamos salir libremente a ejercitarnos, hoy en día es incluso mayor. 

El encierro nos obliga a que estemos en pocos metros cuadrados, con pocas opciones para movilidad. No se puede salir a caminar o correr a la plaza, los gimnasios están cerrados y las actividades deportivas también están suspendidas.

Las dos complicaciones que esto nos presenta son la falta de espacio y la dificultad de seguimiento (de un entrenador, por ejemplo).

¿Qué podemos hacer para mantenernos activos?

El primer paso es tomárselo con calma. Debemos asumir que las circunstancias son complejas y que, si lo decidimos comenzar, podamos tener altibajos.

El siguiente paso es verle el lado positivo a la situación: ¡probablemente ahora sí tengas tiempo para ejercitarte!

Entonces…

 

  • Buscá alguna actividad que te guste. Esto es fundamental. Si no te gusta, la motivación se acabará tarde o temprano y lo dejarás. Podés optar por tomar clases virtuales o hacer una rutina de internet. ¡Pero te tiene que entusiasmar hacerlo!
  • No pienses en resultados. Mejor es concentrarse en adquirir el hábito de ejercitarse. Por eso la importancia de hacer algo que te guste. Aunque sea poco tiempo (unos 15 minutos por día), lo fundamental es que se vuelva parte de nuestra vida. Ya vendrán esos resultados en algún futuro…
  • Hacete un espacio en la casa. Si tenés patio o terraza, mejor, pero con hacernos un espacio para estirarnos y movernos suele ser suficiente.
  • Evitá estar muchas horas seguidas recostado o sentado. Tratá de mantenerte activo con actividades del hogar. La regla 50/10 es una buena opción: por cada 50 minutos sentado, levantarse y andar durante unos 10.

Los cambios alimenticios

Para muchos estos días han sido una buena oportunidad para experimentar en la cocina. Para algunos con éxito; para otros no tanto.

Es muy probable que, dadas las circunstancias de la pandemia, estemos más expuestos a darnos permitidos, a querer mimarnos con la comida. 

¡Y está perfecto! 

Pero debemos tener cuidado, eso sí.

Podemos darnos gustos “no saludables” de vez en cuando, claro. Pero es fundamental que lo hagamos sabiendo que son justamente eso, que los tomemos como excepciones.

A los consejos que ya se mencionaron anteriormente para la nutrición de nuestro sistema inmune, agregaremos simplemente dos que debemos tener en cuenta día a día:

 

  • Consumir 5 porciones de frutas y verduras. Con esto podremos asegurarnos de contar con una buena cantidad de vitaminas y minerales que nuestro cuerpo necesita.
  • Utilizar al menos una fuente de proteínas en el almuerzo y en la cena. Son ejemplos de fuentes proteicas las carnes (rojas y/o blancas), los huevos, los frutos secos o las legumbres (soja, maní, lentejas).

Conclusión

Con estos cinco problemas que enumeramos queremos dar a entender la compleja situación que el aislamiento social nos produce. 

¡Tiempos complicados, claro que sí!

Pero con estos tips esperamos llevar calma para que podamos pasar estos días de la mejor manera posible.

¿Qué te parecieron estos consejos? Dejanos en un comentario cuáles son aquellos que ya estás implementando en tu cuarentena y cuáles otros te gustaría incorporar a tu rutina.

Aconsejamos consultar a profesionales de las diversas aéreas (médicos,

nutricionistas) antes de ingerir cualquier suplemento.

 

 

 
En Laboratorio Tabor solo utilizamos fuentes de organizaciones sin fines de lucro. Los artículos presentes en este blog son a modo de divulgación. Cada artículo publicado ha sido revisado por un experto.


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Propósitos de año nuevo: tu salud, tu prioridad

Propósitos de año nuevo: tu salud, tu prioridad

Despedidas de año. Cese de actividades. Fiestas, reuniones, regalos. El fin del 2019 empieza a sentirse poco a poco y esto, quiérase o no, nos afecta de algún modo. Sea con melancolía o con satisfacción, vamos a mirar en retrospectiva y encontrar momentos que nos marcaron en esta nueva página de nuestras vidas.

Una página que comienza a darse vuelta para dar lugar a una nueva, a una totalmente en blanco, en la que podremos trazar nuestro camino desde cero.

Y esto es muy estimulante.

Tener la posibilidad, aunque sea arbitraria, de poder replantearnos muchas cosas para el futuro es siempre algo que nos entusiasma de gran manera. Sin dudas uno puede plantearse objetivos en cualquier momento, pero la llegada de un año nuevo nos interpela a todos por igual.

Todos, indefectiblemente, vamos a detenernos a reflexionar sobre lo que queremos para nuestra vida y, con mayor seguridad, sobre lo que el 2020 nos entregará. Es tiempo de balances y propósitos. De análisis y objetivos. Ilusiones renovadas y grandes expectativas.

¿Qué esperamos de este año nuevo?

Quizás sea el año de tu gran salto profesional. O tal vez pueda ser tiempo de que comiences a valorar mucho más el cariño de tu familia, tus amigos y tu pareja. También es probable que tengas en mente grandes proyectos que te apasionan.

¿Cuál será tu meta?

Pues eso es muy personal. Y así queremos que lo sea. Que lo que elijas sea realmente un deseo propio, algo que te haga único y humano. Con aciertos y errores. Con defectos y virtudes. Con fracasos y éxitos.

Sin embargo…

Hay algo que queremos recordarte. Hay algo que para estas fiestas te deseamos genuinamente. Y esto es que, al momento de plantear tus metas para el 2020, tengas en consideración tu salud. Que no la olvides. Que le des la relevancia que se merece.

La salud, tu salud, debe ser, en esa lista larga de grandes objetivos, la que ocupe el primer lugar. Dejalo por escrito, recordalo cada día, visualizalo, contáselo al mundo. No importa cómo lo hagas manifiesto, pero este año dale prioridad a tu salud.

Todos sabemos que nuestro bienestar físico y mental es lo más importante. Pero el vértigo de la cotidianidad nos empuja a llevarla a un segundo plano. “Hoy no voy a poder ir al gimnasio, tengo muchas cosas para hacer del trabajo”. “No tengo tiempo para cocinarme algo hoy; tendré que comer al paso”.

Decile chau a estas excusas. Que este 2020 sea el año en que definitivamente empieces a pensar en tu salud y la ubiques por encima de cualquier cosa.

Tu salud es tu prioridad. 

Repetilo: tu salud es tu prioridad. No olvides esto por nada en el mundo ni bajo ningún pretexto.

Y cómo hago que sea una prioridad? ¿Cómo lo pongo en práctica en mi día a día?

Te daremos cinco consejos prácticos para empezar a darle importancia a tu salud. Cinco maneras de empezar a dejar los hábitos que no el hacen bien a nuestra salud y, poco a poco, reemplazarlos por otros mucho más saludables. 

  • Comé naturaleza: Existe un denominador común en todas las dietas desequilibradas y poco saludables: hay un exceso de alimentos (ultra)procesados. Nos faltan frutas, verduras, legumbres y cereales integrales. Incluí estos alimentos en tu compra semanal. Planificá tus comidas y cerciorate de que estén incluidos. Podés complementar tu alimentación con suplementos naturales.
  • Ejercitate regularmente: 30 minutos por día, nada más. Eso es lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pueden ser actividades recreativas o desplazamientos (paseos a pie o en bici). No importa tanto la excusa como que te mantengas en movimiento. Con 30 minutos ya le estás haciendo un gran favor a tu cuerpo. El día tiene 24 horas… ¿acaso no podemos hacernos 30 minutos en nuestra rutina diaria?
  • Chau cigarrillo, chau alcohol: Esto no es nada nuevo. Ya sabemos que hacen mal a nuestra salud. Como todo hábito, la mejor manera de dejarlo a un lado es de manera progresiva y de un modo integral. No te pongas objetivos tajantes y exagerados. Poco a poco intentá disminuir el consumo y buscá la manera de suplirlos. Por ejemplo, podés pensar en qué momentos sentís la necesidad de consumirlo y cuáles podrían ser esas causas. 
  • Practicá meditación o yoga: Tanto la meditación como el yoga son técnicas de relajación. Son modos de ejercitar la concentración, la calma y la autoaceptación. Al focalizar la mente en la respiración y en nuestro cuerpo, nos permiten despejar la cabeza de otros pensamientos y sensaciones que a diario se nos acumulan generando. Si lo que buscamos es mejorar nuestro bienestar emocional, estas herramientas son las indicadas.
  • Dormí lo suficiente: El descanso regula y recupera nuestras energías, eso ya lo sabemos. Sin embargo, hoy en día dormir se ha vuelto una tarea compleja. El insomnio es un verdadero mal de la modernidad. Levantarte siempre al mismo horario y evitar las pantallas horas antes de acostarte son consejos fundamentales para conciliar el sueño.

Conclusión

Cambiá tus hábitos para cambiar tu vida. Y cambiá tu diálogo interno para cambiar tus hábitos.

No necesitás trabajar tanto. No tenés que alcanzar tal o cual éxito para ser feliz. No necesitás ser mejor de lo que sos para quererte y llevar una vida hermosa. Cuidá tu salud. Prestá atención a tus comidas, a tu actividad física, a tu descanso. Dale prioridad.

El 31 de diciembre a las 23:59, cuando sea momento de pedir los grandes deseos del próximo año, que la salud, tu salud, sea uno de ellos.

Aconsejamos consultar a profesionales de las diversas aéreas (médicos,

nutricionistas) antes de ingerir cualquier suplemento.

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Dieta equilibrada: consejos prácticos para comer sano

Dieta equilibrada: consejos prácticos para comer sano

Nuestro cuerpo necesita de una variedad amplia de nutrientes para su óptimo funcionamiento. Y los necesita en diferentes proporciones. Una dieta equilibrada es fundamental para el crecimiento, la reproducción y la buena salud.

El problema surge cuando lo que ingresa a nuestro cuerpo no se corresponde con lo que éste requiere. Tanto el exceso de un nutriente como su falta tienen consecuencias negativas en nuestra salud.

Acá es cuando aparece la importancia de una dieta balanceada. Cada uno de estos nutrientes debe ser incorporado en su justa medida.

“Actualmente, las personas consumen más alimentos hipercalóricos, grasas, azúcares libres y sal/sodio. Y, por otra parte, muchas personas no comen suficientes frutas, verduras y fibra dietética, como por ejemplo cereales integrales”, describe un informe de la Organización Mundial de la Salud.

El desequilibrio moderno

Comemos cada vez más alimentos procesados. Son ricos, están por todas partes y son fáciles de consumir… ¿cómo no van a ser parte de nuestra dieta?

Sin embargo, la gran mayoría de estos productos nos aportan en exceso ciertos nutrientes y carecen, al contrario, de otros tantos.

Un desbalance que provoca, en el largo plazo y muy lentamente, un efecto perjudicial para nuestra salud.

No es de extrañarse, teniendo en cuenta esto, que hoy en día las enfermedades crónicas no transmisibles constituyan la primera causa de muerte en nuestro país y en el mundo.

La diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer de colon, por ejemplo, representan una verdadera epidemia que va en aumento debido a los modos de vida actuales que acentúan el sedentarismo y la mala alimentación.

Por este motivo, revertir esta situación es de vital importancia. Una dieta sana y equilibrada puede reducir el riesgo de contraer estas enfermedades.

En primer lugar, como la OMS recomienda, lo fundamental es limitar los alimentos hipercalóricos, las grasas, la sal y los azúcares. En reemplazo, optar por frutas, verduras y cereales integrales.

Pero profundicemos un poco más.

Los siete grupos de alimentos

A continuación describiremos los siete grupos de alimentos y sus porciones recomendadas para una dieta sana y equilibrada.

Estas proporciones deben ser tomadas como referencia. La cantidad necesaria para cada persona puede variar dependiendo de su peso, actividad física, contexto climático, etc. Para una correcta personalización, siempre consultar a su nutricionista.

Recordá realizar siempre al menos cuatro comidas al día (desayuno, almuerzo, merienda y cena) y mantenerte hidratado. Se puede utilizar como referencia, también, dos litros de agua por día.

Leche y derivados

Fuente importante de energía dietética, proteínas y grasas de alta calidad, las porciones recomendadas varían entre una y tres por día.

La leche, así como el yogur o el queso, son alimentos ricos en calcio y necesarios en todas las edades.

Es preferible elegir quesos blandos antes que los duros y aquellos que tengan menor contenido de grasas y sal.

Carnes, pescados y huevos

Estos alimentos otorgan proteínas de alto poder biológico, hierro y vitaminas del grupo B. A su vez, el pescado también aporta grasas omega 3.

Es recomendable una porción diaria de estos alimentos, al tiempo que también su diversificación. Se puede alternar diariamente entre pescado, carnes blancas, carnes rojas y huevos.

Evitar carnes procesadas como salchichas, hamburguesas y embutidos.

Legumbres y frutos secos

Poseen una función energética, gracias a su contenido en hidratos de carbono.

Las legumbres, por su parte, aportan proteínas de origen vegetal de alto contenido biológico y fibra, por lo que suponen una buena alternativa para reemplazar carnes.

En tanto, los frutos secos son ricos en ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, y vitaminas del grupo B.

Es recomendable consumir entre dos y cuatro porciones a la semana.

Verduras y hortalizas

Este grupo aporta grandes cantidades de vitaminas, minerales y fibra, al tiempo que posee un alto porcentaje de agua y pocas calorías, dada su baja proporción en hidratos de carbono, proteínas y grasas.

Medio plato de verduras en el almuerzo y en la cena resulta una buena medida para llevar una dieta equilibrada. Evitar papas y otros tubérculos feculentos.

Frutas

Junto con las verduras, representan los grupos fundamentales para la prevención de enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer de colon. La OMS recomienda un mínimo de 400 gramos diarios de frutas y verduras para suplir la carencia de micronutrientes.

En particular, dos o tres porciones de frutas frescas son las sugeridas para el consumo diario. Pueden consumirse como tentempiés.

Cereales y derivados, azúcar y dulces

Este grupo tiene una función principalmente energética, dado el alto aporte de calorías de sus carbohidratos. También aportan vitaminas del grupo B.

Limitar su consumo a porciones pequeñas o individuales en caso de optar por alimentos y bebidas azucaradas. Comer como tentempiés frutas y verduras crudas en vez de productos azucarados.

Dentro de este grupo, los cereales integrales constituyen el aporte más nutritivo para alcanzar la cantidad recomendada de hidratos de carbono (50-60% de las calorías diarias) y son una fuente importante de fibra.

El maíz, la avena, el trigo integral y el arroz integral son ejemplos de estos alimentos. Entre una y tres porciones diarias de cereales integrales es lo recomendado.

Grasas y aceites

Al igual que el grupo anterior, son fuente de energía por su gran contenido calórico. Son ricos en vitaminas liposolubles.

Dentro de este grupo evitar las grasas saturadas y las grasas trans, que aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles, y sustituirlas por grasas no saturadas.

Para esto, es recomendable cocinar al vapor o hervir (en vez de freír), elegir lácteos desnatados y carnes magras.

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Cómo encontrar fuentes confiables sobre salud en internet

Cómo encontrar fuentes confiables sobre salud en internet

Gracias a internet hoy en día tenemos acceso ilimitado a todo tipo de información sobre salud. ¡Bendito seas, internet!

Pero…

Esto nos provoca indirectamente un gran problema… existe tanta pero tanta información en internet, que nos cuesta mucho trabajo diferenciar con claridad qué es verdad y qué no.

Y en el área de la salud esto es aún más crítico. Estamos hablando de TU salud.

Cualquiera puede subir información a internet. Y cualquiera puede subir información sobre medicina o nutrición sin ser un experto en esas materias.

Estamos desinformados por sobreinformación.

Lindo juego de palabras, pero… pongamos un ejemplo para entender esto.

Todos hemos leído algún artículo sobre la milagrosa dieta de tal o cual famoso o famosa. O quizás hemos visto uno que otro video con consejos “caseros” para tratar una determinada enfermedad.

Ahora… ¿está realmente comprobado que eso sea cierto? Y si es cierto, ¿qué garantías hay de que lo que le haya servido a esa persona, pueda servirte a vos?

Por este motivo, todos nuestros sentidos de alerta deben estar activados al momento de acercarnos a este tipo de información.

Cómo seleccionar fuentes confiables sobre salud

Al momento de hacer una consulta en internet sobre áreas como medicina o nutrición, tendrás que tener en cuenta las siguientes preguntas:

¿Quién está publicando esta información? ¿Dónde sale publicada?

Este es el primer aspecto a prestar atención. ¿Quién la está compartiendo? ¿Es una organización sin fines de lucro, es una empresa, es un individuo en particular?

La manera más sencilla de reconocer estas diferencias es a través de la dirección de su web (su URL):

  • nombre.com: indica las páginas web comerciales (empresas, compañías farmacéuticas, redactores independientes, etc).
  • nombre.org: indica las organizaciones sin fines de lucro y organizaciones no gubernamentales (sociedades científicas, médicas o de investigación, etc).
  • nombre.edu: identifica a las páginas con fines educativos, sea de instituciones educativas u oficinas gubernamentales relacionadas.
  • nombre.gov/.gob: utilizado por los gobiernos de naciones, ciudades o provincias (Gobierno de los Estados Unidos, Gobierno de la República Argentina).

De esta manera, ya podemos tener un primer panorama sobre lo que podemos llegar a encontrar.

Por ejemplo, si se obtienen de internet, en Laboratorio Tabor siempre utilizamos como fuentes de información sobre salud a organizaciones sin fines de lucro.

 ¿De dónde provienen los fondos que sustentan esa página web?

Saber quién patrocina el sitio web nos puede ayudar a pensar qué tanto cuidado hay que poner al momento de leer/ver esa información.

Este punto bien podría ir de la mano del anterior. Si es una página .com, sabremos que está sostenida por el mismo negocio. Pero no siempre es tan sencillo en los otros casos.  

En primer lugar, hay que reconocer si el autor comparte o no la fuente de la que extrajo su contenido.

Los números y estadísticas, ¿de qué fuente salen? ¿Son datos u opiniones?

Si un individuo o empresa da consejos o habla bien de un determinado producto o servicio sin compartir ninguna fuente científica que lo avale, es motivo para desconfiar de su veracidad.

En tal caso, bien podría suceder que la información sea falsa o, al menos, que sea una verdad a medias.

Google es una fuente muy útil de información, pero debe ponerse mucha atención sobre lo que allí puede aparecer.

¿Quién redactó el artículo o realizó el video? ¿Es un experto? ¿Está revisado por un especialista?

Hay que cerciorarse de que figure el nombre del autor en el artículo y adjunte una descripción sobre su persona. ¿Quién es? ¿Es un especialista en el tema, o no? ¿Qué autoridad tiene en el área?

Sucede, muchas veces, que el autor no es un experto en la materia. Muchas organizaciones prefieren que los contenidos estén a cargo de personas capacitadas en redacción.

Si así sucede, es necesario chequear que el artículo, al menos, esté revisado por un especialista claramente identificado.

¿Cuándo fue publicado? ¿Está actualizado?

Ya chequeamos su origen, su autor, sus fuentes. Pero… ¿está actualizado?

Puede que sea un experto en la materia quien haya creado el contenido, pero si el artículo/video tiene varios años de antigüedad, hay que revisar cuándo fue realizado.

Las investigaciones científicas son cada vez más precisas y lo que años atrás podría haber sido una verdad aparentemente irrefutable, hoy puede haber quedado obsoleta. Y como consecuencia, puede ser perjudicial.

No necesariamente lo antiguo es falso. Pero hay que tenerlo en consideración. En lo posible, habría que buscar otra fuente actual que sirva de apoyo.

 

En fin…

Internet es una herramienta muy valiosa. Ha democratizado el acceso a la información y en tan solo cuestión de segundos podemos fácilmente hacer consultas.

Sin embargo, así como no podemos negar sus beneficios, también es importante resaltar que no se puede confiar ciegamente en ella.

No existe un certificado para validar la información que existe sobre salud en internet. Cualquiera puede subir contenido. Y por eso es necesario navegar con mucha cautela. No aceptar sin cuestionamientos lo primero que aparece.

Hacerse estas preguntas puede ayudarnos a seleccionar mejor las fuentes de información.

Aun así, la web no reemplaza a tu médico. Y esto no debe olvidarse: ante cualquier consulta, tu principal fuente es tu médico. Internet puede ser un complemento. Pero no lo reemplaza.

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