Gracias a internet hoy en día tenemos acceso ilimitado a todo tipo de información sobre salud. ¡Bendito seas, internet!

Pero…

Esto nos provoca indirectamente un gran problema… existe tanta pero tanta información en internet, que nos cuesta mucho trabajo diferenciar con claridad qué es verdad y qué no.

Y en el área de la salud esto es aún más crítico. Estamos hablando de TU salud.

Cualquiera puede subir información a internet. Y cualquiera puede subir información sobre medicina o nutrición sin ser un experto en esas materias.

Estamos desinformados por sobreinformación.

Lindo juego de palabras, pero… pongamos un ejemplo para entender esto.

Todos hemos leído algún artículo sobre la milagrosa dieta de tal o cual famoso o famosa. O quizás hemos visto uno que otro video con consejos “caseros” para tratar una determinada enfermedad.

Ahora… ¿está realmente comprobado que eso sea cierto? Y si es cierto, ¿qué garantías hay de que lo que le haya servido a esa persona, pueda servirte a vos?

Por este motivo, todos nuestros sentidos de alerta deben estar activados al momento de acercarnos a este tipo de información.

Cómo seleccionar fuentes confiables sobre salud

Al momento de hacer una consulta en internet sobre áreas como medicina o nutrición, tendrás que tener en cuenta las siguientes preguntas:

¿Quién está publicando esta información? ¿Dónde sale publicada?

Este es el primer aspecto a prestar atención. ¿Quién la está compartiendo? ¿Es una organización sin fines de lucro, es una empresa, es un individuo en particular?

La manera más sencilla de reconocer estas diferencias es a través de la dirección de su web (su URL):

  • nombre.com: indica las páginas web comerciales (empresas, compañías farmacéuticas, redactores independientes, etc).
  • nombre.org: indica las organizaciones sin fines de lucro y organizaciones no gubernamentales (sociedades científicas, médicas o de investigación, etc).
  • nombre.edu: identifica a las páginas con fines educativos, sea de instituciones educativas u oficinas gubernamentales relacionadas.
  • nombre.gov/.gob: utilizado por los gobiernos de naciones, ciudades o provincias (Gobierno de los Estados Unidos, Gobierno de la República Argentina).

De esta manera, ya podemos tener un primer panorama sobre lo que podemos llegar a encontrar.

Por ejemplo, si se obtienen de internet, en Laboratorio Tabor siempre utilizamos como fuentes de información sobre salud a organizaciones sin fines de lucro.

 ¿De dónde provienen los fondos que sustentan esa página web?

Saber quién patrocina el sitio web nos puede ayudar a pensar qué tanto cuidado hay que poner al momento de leer/ver esa información.

Este punto bien podría ir de la mano del anterior. Si es una página .com, sabremos que está sostenida por el mismo negocio. Pero no siempre es tan sencillo en los otros casos.  

En primer lugar, hay que reconocer si el autor comparte o no la fuente de la que extrajo su contenido.

Los números y estadísticas, ¿de qué fuente salen? ¿Son datos u opiniones?

Si un individuo o empresa da consejos o habla bien de un determinado producto o servicio sin compartir ninguna fuente científica que lo avale, es motivo para desconfiar de su veracidad.

En tal caso, bien podría suceder que la información sea falsa o, al menos, que sea una verdad a medias.

Google es una fuente muy útil de información, pero debe ponerse mucha atención sobre lo que allí puede aparecer.

¿Quién redactó el artículo o realizó el video? ¿Es un experto? ¿Está revisado por un especialista?

Hay que cerciorarse de que figure el nombre del autor en el artículo y adjunte una descripción sobre su persona. ¿Quién es? ¿Es un especialista en el tema, o no? ¿Qué autoridad tiene en el área?

Sucede, muchas veces, que el autor no es un experto en la materia. Muchas organizaciones prefieren que los contenidos estén a cargo de personas capacitadas en redacción.

Si así sucede, es necesario chequear que el artículo, al menos, esté revisado por un especialista claramente identificado.

¿Cuándo fue publicado? ¿Está actualizado?

Ya chequeamos su origen, su autor, sus fuentes. Pero… ¿está actualizado?

Puede que sea un experto en la materia quien haya creado el contenido, pero si el artículo/video tiene varios años de antigüedad, hay que revisar cuándo fue realizado.

Las investigaciones científicas son cada vez más precisas y lo que años atrás podría haber sido una verdad aparentemente irrefutable, hoy puede haber quedado obsoleta. Y como consecuencia, puede ser perjudicial.

No necesariamente lo antiguo es falso. Pero hay que tenerlo en consideración. En lo posible, habría que buscar otra fuente actual que sirva de apoyo.

 

En fin…

Internet es una herramienta muy valiosa. Ha democratizado el acceso a la información y en tan solo cuestión de segundos podemos fácilmente hacer consultas.

Sin embargo, así como no podemos negar sus beneficios, también es importante resaltar que no se puede confiar ciegamente en ella.

No existe un certificado para validar la información que existe sobre salud en internet. Cualquiera puede subir contenido. Y por eso es necesario navegar con mucha cautela. No aceptar sin cuestionamientos lo primero que aparece.

Hacerse estas preguntas puede ayudarnos a seleccionar mejor las fuentes de información.

Aun así, la web no reemplaza a tu médico. Y esto no debe olvidarse: ante cualquier consulta, tu principal fuente es tu médico. Internet puede ser un complemento. Pero no lo reemplaza.

En Laboratorio Tabor solo utilizamos fuentes de organizaciones sin fines de lucro. Los artículos presentes en este blog son a modo de divulgación. Cada artículo publicado ha sido revisado por un experto.

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